El descenso de Pisa SC a la Serie B encendió señales de alerta en Independiente. Más allá del impacto deportivo en Italia, en Avellaneda siguen de cerca la situación por una cuestión económica clave: el club todavía espera el ingreso correspondiente a la transferencia de Felipe Loyola.
El conjunto italiano perdió la categoría el pasado 1° de mayo tras caer 2-1 ante Lecce y cerrar una campaña muy floja, con apenas 18 puntos en 37 partidos. La caída deportiva genera incertidumbre alrededor de los compromisos financieros asumidos por la institución.
En Independiente hay atención especialmente sobre la primera cuota del pase de Loyola, valuada en 2 millones de dólares, cuyo vencimiento está previsto para junio de 2026. Si bien todavía existe margen dentro de los plazos acordados, hasta el momento no hubo novedades sobre el pago.
La situación no es menor para la dirigencia roja, ya que parte de ese dinero ya estaba contemplado dentro de la planificación financiera del próximo mercado. Una porción de los fondos tendría como destino el pago de 500 mil dólares a Huachipato, correspondiente a la operación de Walter Mazzantti.
Loyola había llegado al fútbol italiano a préstamo, aunque con objetivos de fácil cumplimiento que activaban automáticamente la obligación de compra. Al disputar cinco partidos en la Serie A, Pisa quedó obligado a ejecutar la cláusula.
Por el 70% de la ficha del mediocampista chileno, Independiente debe percibir cerca de 7 millones de euros brutos, aunque el club deberá compartir parte de esa cifra con Huachipato, que conserva un porcentaje de la transferencia.
Mientras tanto, el futbolista tiene contrato en Italia hasta junio de 2030, aunque el descenso abre incógnitas sobre el futuro deportivo del club toscano y también sobre el cumplimiento de sus obligaciones económicas.
En Avellaneda, el foco ya no está solo en la pelota: también en que el dinero comprometido desde Europa llegue en tiempo y forma.