La eliminación de Club Atlético Independiente frente a Rosario Central no fue un accidente aislado. Fue, simplemente, un nuevo capítulo de un fracaso deportivo que ya lleva cuatro años y que expone con crudeza la realidad de la gestión de Unidad Independiente.
La agrupación que llegó al club prometiendo refundación, profesionalismo, jerarquía y un proyecto moderno terminó dejando una de las etapas deportivas más pobres de la historia reciente de Independiente. Llegaron con más de 100 propuestas, discursos grandilocuentes y promesas de reconstrucción institucional y futbolística. Pero a la hora de los resultados concretos, ni siquiera pudieron cumplir una mínima parte.
El balance es devastador.
Liga Profesional 2023/2024: puesto 24.
Copa de la Liga 2023: afuera de playoffs.
Copa de la Liga 2024: afuera de playoffs.
Liga Profesional 2024: séptimo puesto.
Apertura 2025: semifinal.
Clausura 2025: afuera de playoffs.
Apertura 2026: eliminado en octavos de final.
Ese es el recorrido de un club gigante administrado por una dirigencia que nunca estuvo a la altura de las circunstancias.
En cuatro años, Independiente apenas disputó una copa internacional. Una sola. Y hasta esa participación terminó envuelta en papelones, improvisación y desmanejos. La eliminación de la Copa Sudamericana 2024 quedó marcada por un operativo de seguridad desastroso y una organización que volvió a dejar al club expuesto ante todo el continente.
Mientras tanto, el caos deportivo fue permanente. Pasaron siete entrenadores: Leandro Stillitano, Pedro Monzón, Ricardo Zielinski, Carlos Tevez, Hugo Tocalli, Julio Vaccari y Gustavo Quinteros. Siete técnicos en cuatro años. Siete intentos distintos. Siete volantazos. Ningún proyecto. Ninguna identidad. Ninguna construcción seria.
A eso se le suma otro dato demoledor: más de 60 refuerzos incorporados durante la gestión. Más de 60 futbolistas. Millones gastados. Mercado tras mercado prometiendo “el salto de calidad”. Y el resultado final sigue siendo exactamente el mismo: ningún éxito deportivo.
Ni títulos.
Ni clasificaciones importantes.
Ni protagonismo internacional.
Ni una estructura futbolística sólida.
Ni un equipo que sostenga una idea en el tiempo.
Nada.
La gestión Doman-Grindetti-Marconi-Ritondo-Seoane podrá intentar refugiarse en relatos económicos o administrativos, pero Independiente no vive solamente de balances. Independiente vive de competir, de ganar y de pelear campeonatos. Y en eso, esta conducción fracasó de manera contundente.
Porque no se trata únicamente de perder partidos. Se trata de haber desperdiciado cuatro años completos sin construir absolutamente nada que esté a la altura de la historia del club.
Prometieron una transformación histórica.
Entregaron improvisación, mediocridad y frustración.
Y hoy, después de otra eliminación, el saldo ya no admite maquillaje: Unidad Independiente no dio la talla.